Compartido en twitter, por la escritora de nacionalidad uruguaya, Mercedes Vigil
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Eduardo Abenia | Foro de Montevideo
No pasa una hora en nuestras vidas sin que encontremos un motivo para enojarnos con cosas que todos vemos, sabemos que están mal, muestran el deterioro del entramado social, pero nada se hace. Toda clase de delitos, desde los muy evidentes, como venta de drogas, o corrupción, hasta otros menos visibles, pequeñas violaciones a la ley que, por frecuentes, se han “normalizado”.
Así, nos hemos acostumbrado a que los tupamaros hagan de la mal llamada Toma de Pando un acto heroico, que conmemoran como si se tratara de la Batalla de las Piedras, siendo en realidad una serie de actos delictivos encadenados, que dejaron varios muertos, entre ellos un ciudadano que nada tenía que ver y solo quería ir al parto de su hijo, que nacía en ese momento.
Ese acto es claramente una apología del delito, cuando se anuncia, las autoridades competentes deberían advertir a sus responsables, y si de todas formas se hace, todos los participantes deberían terminar presos. Hacer cumplir la ley no es algo opcional, es un deber de las autoridades, si no se hace, constituye según el caso una falta, que amerita perder el cargo, o un delito.
La consumación de ese y mil otros actos, donde la ley no se cumple a cabalidad, se ha vuelto tan frecuente, que vemos casi como normal que el propio Parlamente proponga y hasta apruebe leyes inconstitucionales. El país se ha dado a si mismo miles y miles de leyes, que pretenden regular hasta el absurdo, pero no se cumplen ni siquiera las más esenciales, las que de verdad se necesitan.
Sufrimos una inflación legislativa absurda, que mete la cuchara hasta en la intimidad de la gente, aumentando la necesidad de controles y con ellos el tamaño del Estado, aumentando la carga impositiva para crear oficinas que solucionan problemas que no existen, como las oficinas de género en cada rincón del Estado, así tendremos una meteorología con vientos y vientas, tormentas y tormentos, mientras los problemas reales, como la falta de trabajo, son encajonados.
La coalición de gobierno no termina de entender que fue electa para cambiar las cosas, no para maquillarlas. Nadie va preso, cobran millonarias indemnizaciones, el gasto del Estado no baja, los impuestos no bajan, el combustible sigue siendo de los más caros de América, la flexibilización laboral no aparece, los gremios siguen haciendo lo que se les da la gana, sin los controles que significan tener personería jurídica, manejan millones de dólares sin rendir cuenta a nadie.
Todo esto repercute en la casi nula creación de empleo, verdadero motor de la economía. Nadie en su sano juicio invierte en un país donde el empresario es el último en la cola, donde hay puro riesgo y solo si sobra, una magra ganancia, donde solo se apoya la inversión extranjera y se olvida a la nacional. Ya ni siquiera conservamos la ventaja de tener mano de obra educada y trabajadora.
La educación sigue en manos de los sindicatos, cada vez se enseña menos y peor, los estudiantes pasan sin saber, ya ni siquiera entienden los que leen, encima se les enseña una versión distorsionada de la historia reciente y una visión deformada y anticientífica de las relaciones de pareja y familiares, guiados por una ideología contraria a nuestras tradiciones y a la Ciencia.
La seguridad social continúa siendo una gran bolsa, de donde se saca para todo a costa del sudor de los que trabajaron, pagando con el dinero de todos las ayudas compañeras y los privilegios del sistema político, cada vez más lejos de un sano compromiso con la transparencia, cargando al trabajo con la pesada carga de los que nunca aportaron.
Estos vientos trajeron aquellas tempestades, recrean el ambiente que nos llevó al quiebre institucional que nos sumergió en la oscuridad. No ven que saltamos al vacío sin red. Esto no es para lo que los votamos, votamos otra cosa, si no lo entienden a tiempo, será tarde, volveremos a la oscuridad de los últimos 15 años, y esta vez, ya no largarán el hueso, no se detendrán hasta que seamos como Venezuela o Cuba, Estados fallidos, tiranías militares del proletariado.
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*Las ideas aquí expresadas pertenecen al autor del artículo y no necesariamente son las de la Fundación Rioplatense de Estudios.

