La importancia de la INDDHH
Leyendo historia podemos advertir que la izquierda ha llegado tarde y mal a los derechos humanos. Sus principales teóricos los han considerado un instrumento liberal anticomunista, ubicándolos en un plano inferior a realización colectiva del cambio social.
Para la izquierda tradicional estos derechos son una proclama de la burguesía y deben declinarse ante la imprescindible necesidad de impulsar la dictadura del proletariado.
En tal escenario ideológico, se ha perdido el principio de universalidad de los derechos individuales como valor a resguardar y se replica la histórica desigualdad comunista que establece la diferencia entre los derechos de la burguesía y los del proletariado.
Esa es la génesis de la escandalosa agenda de nuestra INDDHH que convalida dictaduras de izquierda, enaltece terroristas y ha impulsado una caza de brujas contra todo integrante de las fuerzas de seguridad del Estado encargadas de velar se respeten esos derechos.
No es casual que a la izquierda le resulte intolerable lo acontecido en los regímenes de Pinochet o Videla, pero simpatice con los regímenes de Daniel Ortega, Maduro o de los hermanos Castro.
Hoy la INDDHH ha perdido su dignidad y se tambalea entre el relativismo moral y una ambigüedad escandalosa.
Mirta Guianze o Mariana Motta son solo nombres ocasionales dentro de una concepción ideológica que aplica a pie juntillas el precepto de Federico Engels: “Todo medio me parece bueno, el más violento y el más suave, para alcanzar el fin”.
Como hijos de la revolución, colocan la moral en un lugar subsidiario al de la ideología y concluyen que los medios, siempre justifican los fines, desde que, para alcanzar esos fines, no se puede reparar en aspectos morales.
La izquierda adolece de una dosis superlativa de politicismo ante el cual, el humanismo como filosofía resulta un estorbo para alcanzar sus fines. Es así que las violaciones de los derechos humanos realizadas desde sus tiendas, están justificadas por la búsqueda de la meta final.
En esa visión perversa, solo importa el proyecto a alcanzar por sobre los derechos individuales. Se construyen memoriales a la guerrilla urbana y se considera a sus víctimas como daños colaterales, sin nombre ni derechos. Esa es su estrategia para invisibilizar las graves consecuencia que tuvo el terrorismo en América Latina y deviene en un problema filosófico de envergadura para todo humanista.
En este escenario es un grave error de la Coalición dejar en manos de la izquierda una institución que define la posición de la nación frente a un tema sustantivo.
No se trata de una institución más del Estado, se trata de quien marca la filosofía con la que la nación enfrenta una disyuntiva moral y que escribe con tinta indeleble los valores que guían nuestra convivencia ciudadana.
En esa puja ideológica deben primar los derechos individuales por sobre todo intento de revolución imaginada, desde que está en juego nuestro sistema de valores.
Debemos preguntarnos qué sociedad queremos construir de cara al nuevo milenio. En ese camino, cambiar la filosofía que anida en la INDDHH no es un asunto veleidoso ni político, es un asunto de importancia sustantiva
Si pretendemos volver a enaltecer el principio de respeto irrestricto a los derechos fundamentales, cambiar su orientación debería estar en la agenda del gobierno de Lacalle Pou.
Como herederos de una filosofía humanista debemos colocar el respeto a la persona humana y a su dignidad, por sobre todo proyecto político,
Los derechos humanos son universales e irrenunciables.
Mercedes Vigil
