En la Panamericana 44 Radio uruguaya, que no se si cerro' o cambio de nombre, seguidamente lo escuchaba.
La 44 pasaba mucho de canto popular en las e'pocas de la Dictadura ( no se que hay gente vinculada al Comunismo y afirman que el Eje'rcito les copo' la casa, porque escuchaban mu'sica de protesta ) Me parece que es mentira, o a mi nunca me sucedio'..
«Candombe
cosa de negros
que
con el tiempo blanqueó
por
eso es que yo te canto
con
el canto del tambor».
Yábor,
Candombe cosa de negros
Una extensa
amistad de 44 años me une a Miguel Ángel Nemer, más popularmente
conocido por su nombre artístico Yábor. Dicha amistad se inició a
mediados de 1981, antes de partir hacia España, cuando accedió a
darme una entrevista para la legendaria revista contracultural
«Zaff!!!» que había fundado otro querido y recordado amigo, Jorge
Amadeo Pistocchi, luego de su paso por la no menos legendaria revista
«El Expreso Imaginario». Por razones que no vienen al caso
mencionar, al menos para esta reseña, mi entrevista no se publicó,
pero aún conservo el original de aquel texto y las fotografías
tomadas para la ocasión. Es decir que pude observar casi toda la
evolución de Yábor como músico. Con el lanzamiento de un nuevo
disco, Yábor, repasa toda su obra y celebra su 50 aniversario, su
medio siglo de actividad artística y musical, de la única manera
que cabe esperar: con música. Un cincuentenario artístico
transformado en un largo proceso de maduración musical, que se
inicia en la etapa de aprendizaje y estudio de la música clásica, a
la temprana edad de 7 años, y es continuado sin interrupciones,
desde su infancia hasta su plena madurez biológica y artística.
Un cincuentenario
que ha transcurrido bajo las premisas de su «amor por el arte», del
compromiso genuino con el canto popular uruguayo, una trova que el
artista montevideano ha expresado cabalmente tanto en el proceso de
su creación como en la preservación y la difusión de ritmos
afro-rioplatenses como el tango, la milonga, el malambo, el candombe
y la murga, géneros musicales originarios de la región del Río de
la Plata, una zona geográfica que culturalmente no limita, sino que
une a las dos orillas, a las ciudades de Buenos Aires (Argentina) y
Montevideo (Uruguay). Y es que Yábor, aunque nacido en Montevideo
(1950), es un músico de las dos orillas ya que aquí, en Buenos
Aires, donde desarrollará una parte importante de su carrera,
convirtiéndose en el principal difusor del candombe rock en
Argentina, un género de fusión que mezcla elementos del candombe
con el rock.
En 1973 Yábor
llega a Buenos Aires, invitado por Horacio «Droopy» Gianello y
Gustavo Santaolalla, integrantes del grupo Arco Iris, quienes
conjuntamente con la discográfica Casa Netto producen su primer
disco simple en Argentina. En esa oportunidad lo acompañan Domingo
Cura (percusión), «Chachi» Ferreira (flauta), Alfredo Remus
(contrabajo), Horacio Gianello (batería) e invitado en coros León
Gieco. Esa placa incluye los temas: el candombe «Ver Las Cosas» y
el aire de candombe «Don Manuel Jubilado», que luego será
reeditado en el Larga Duración «El Sonido Nacional» (Macondo, GAM
585) en 1974 en Montevideo, un compilado donde convergen los nombres
de mayor peso en la música popular uruguaya en los años ´70. En
este disco participan El
Sindykato
(Santiago Poggi, Jorge Galemire, Cacho Tejera, Mario Poggi, Marne
Mallo); el único solista Yábor; Epílogo
de sueños
(Eduardo Rivero, Jorge Galemire, Gastón Contenti, Juan José
Navarro, Miguel Kolodiuk, Jaime Roos) y Bisonte
(Eduardo Dittamo, Héctor Guzmán, Nildo Machado, Julio César
Surraco, Jorge Taborda). Se constituye desde entonces, en uno de los
pilares representativos del «Nuevo Folklore Rioplatense».
Mi amistad no me
impide juzgar la obra de Yábor con completa independencia y
objetividad, en un esfuerzo comparativo con otras expresiones del
género, reconociendo los méritos del músico montevideano, sin
necesidad de desmerecer las, por otro lado, importantes
contribuciones de los músicos uruguayos al desarrollo del candombe
rock como expresión popular del folklore urbano contemporáneo. Es
más, por ética profesional y, sobre todo, por las exigencias mismas
de objetividad que requiere mi actividad, creo haber salido bien
librado de los consabidos peligros de los sesgos afectivos, vale
decir, completamente desasido de aquellas malas pasadas de las
tendencias de las emociones cuando influyen psicológicamente en la
percepción, a menudo desviándonos de la imparcialidad. Estos sesgos
operan, a menudo, de manera inconsciente, de ahí que pueden afectar
la observación objetiva y la neutralidad que requiere el abordaje de
un fenómeno como el de la música popular enfocado desde una
perspectiva socioantropológica. Pero un investigador se basa en los
datos crudos de una realidad. Y allí están los datos de las fuentes
periodísticas, fotográficas y fonográficas, que dan cuenta de esa
realidad. Estos datos hablan por sí mismos.
Creo no ser
parcial ni subjetivo, por lo antes dicho, si afirmo que Yábor es el
precursor del candombe rock o el candombe de fusión en Argentina,
adelantando por varios años a Rubén Rada y a Luis Alberto «Beto»
Satragni. Sin duda que músicos del calibre artístico de Héctor
«Cacho» Tejera, Rubén Rada, Eduardo Mateo, Luis Alberto «Beto»
Satragni, entre otros, pues todos, en conjunto, concurrieron, cada
cual, a su modo, a la difusión del candombe rock en ambas orillas,
pero cuando ellos comenzaron a trabajar en Argentina, a mediados y
fines de los setenta, es decir, entre 1975 y 1978, Yábor ya había
grabado su primer disco simple, en el sello internacional EMI-Odéon,
en 1973 convirtiéndose así en el «principal difusor» del candombe
rock en Argentina. Este es un dato crudo, objetivo e incuestionable,
allí está el registro fonográfico. Y por si eso no bastara,
también disponemos de los testimonios de Horacio «Droopy»
Gianello, recordado baterista del grupo Arco Iris, quien dijo: «Con
Yábor comienza la verdadera hermandad entre los músicos de ambas
orillas del Plata», o el de Jorge Pistocchi, «padre del periodismo
contracultural» —entonces director de la revista Expreso
Imaginario—,
quien no duda en señalarlo como precursor en Argentina cuando afirma
«con Yábor nace la fusión del candombe en el rock nacional».
También los medios periodísticos de Uruguay coinciden en señalarlo
como pionero del candombe rock: «Yábor, fue el primero en arpegiar
el candombe».
Expliquémonos
mejor: si bien Rubén Rada, otro importante representante del género,
fue en la década del 60, junto al siempre recordado Eduardo Mateo,
un importante impulsor en Uruguay del denominado «candombe beat»,
como integrante de dos bandas legendarias de músicos uruguayos, El
Kinto y Totem, fusionando candombe y música beat, en Buenos Aires,
Rada comenzó a ser conocido como integrante del elenco que
representó la obra musical hippie «Hair», estrenada en Argentina
en 1971 y que también incluía, entre otros artistas, a Carola
Cutaia, Horacio Fontova, Sergio Makaroff, Valeria Lynch y Pot Zenda.
La participación de Rada en «Hair» contribuyó a su popularidad y
a su reconocimiento como artista multifacético, pero su primer
intento, el mismo año, de difundir el candombe en Buenos Aires fue
un estrepitoso fracaso cuando, invitados por Osvaldo Daniel Ripoll,
se presentó con el grupo Totem en el Segundo Festival BA Rock,
organizado por la revista «Pelo». Hubo una minoría que reaccionó
de manera vergonzosa cuando tocó Totem, con Rubén Rada. El sonido
de las tumbadoras no era común acá, pese a que ese mismo público
admiraba al músico chicano Carlos Santana cuando apareció en la
película que documentó el festival de Woodstock en 1969. A algunos
ese sonido de los parches les parecía un ritmo de cumbia y, además
de abuchearlos, les arrojaron con toda clase de objetos que
encontraban, incluidas unas macetas que había en el Velódromo. No
se los agredió por ser uruguayos, la misma reacción tuvieron hacia
el argentino Carlos Bisso, un notable cantante de jazz, blues y
folklore, pero cuyo nombre aparecía ligado a Conexión Nº 5, un muy
popular conjunto de música beat, considerada entonces comercial,
cuando en su intento de unirse al naciente movimiento del rock
nacional, fue abucheado y también se le arrojaron toda clase de
objetos, desde chapitas de gaseosas hasta monedas de un peso, cuando
se presentó con la banda de jazz rock de Rodolfo Alchourrón, Sanata
& Clarificación.
Es verdad que
Rubén Rada era conocido en Argentina, sobre todo en los círculos
del under
porteño,
por su intervención en el musical «Hair», pero Totem, un grupo
excelente integrado por notables músicos uruguayos, era
completamente desconocido para el público argentino. Con Totem,
Rubén Rada grabó dos discos importantes en el sello uruguayo
«Discos de la Planta»: «Totem» (1971) y «Descarga» (1972). En
el tercer disco de Totem, «Corrupción» (1973), también publicado
por el mismo sello discográfico uruguayo, Rubén Rada ya no
participó, porque dejó de pertenecer al grupo. Rubén Rada recuerda
el bochorno que Totem tuvo que padecer aquel día: «Con Totem
vinimos a tocar a Argentina al BA Rock en 1971 y nos tiraron de todo.
¡Fue algo espantoso! Porque después de nosotros venían Pescado
Rabioso y Vox Dei. "¿Y estos tipos quiénes son?”». Parte
del público argentino que asistió a ese festival, una minoría de
jóvenes pertenecientes en su mayoría a una generación desarraigada
de sus profundas raíces afro-rioplatenses, no supo recibir un género
de fusión basado en la percusión de tamboriles y tumbadoras. La
fuerte repulsa obligó a Rubén Rada y a Totem a retirarse del
escenario.
Y es que, en
aquel tiempo, el público de rock argentino no estaba familiarizado
con el candombe como género de fusión. Recién el candombe rock
comenzará a ser escuchado y aceptado con Yábor, gracias a la
calidad y la calidez de su música, aparte de la buena difusión de
los discos que grabó para el sello discográfico EMI-Odeón entre
los años 1977 y 1983: Yábor
(1977); De
Vuelta Por El Barrio
(1980); En
Vivo
(1981); No
Dejes De Cantar
(1982) y Empezar
a vivir
(1983). Llegado a este punto, me parece pertinente aclarar un
malentendido. Erradamente, cierto periodismo tardío, suele
considerar como precursor del candombe rock en Argentina, al también
músico uruguayo y malogrado bajista de Canelones, Luis Alberto
«Beto» Satragni, quien comenzó a tocar candombe en la década del
70, antes de formar Raíces, como un integrante de la banda de Yábor.
Téngase en consideración que el primer álbum del fallecido músico
de Canelones al frente de su grupo Raíces, B.O.V.
Dombe,
un muy buen disco que fusiona el candombe con el jazz funk y el rock,
fue registrado en el estudio de grabación denominado Take
One,
pero que todos conocían como Fonema,
y publicado en 1978 por el pequeño sello discográfico Auris.
Pero no se olvide
que 5 años antes, Yábor había grabado aquel simple varias veces
mencionado, para EMI-Odeón, producido por Gianello y Santaolalla en
1973, y un año antes que Raíces, grabó su larga duración Yábor
(1977). En realidad, la edición argentina de B.O.V.
Dombe,
fue la segunda, ya que la primera edición en Uruguay apenas vendió
111 discos. A fines de 1978, la segunda edición argentina fue
presentada en el teatro Cómico que es recordada por su final
apoteótico cuando varios tamborileros tocando los parches
aparecieron fuera del escenario, mezclándose entre el público. Sin
negar los importantes aportes realizados por Rubén Rada y Beto
Satragni a la difusión del candombe rock o candombe fusión en ambas
orillas del Río de la Plata, es un acto de estricta justicia
reconocer que el candombe rock, como género de fusión de ritmos
afro-rioplatenses, comienza a difundirse con Yábor, a través de
temas como «De vuelta por el barrio»; «No dejes de cantar» y
«Memoria Azul», que entonces se escuchaban tanto en la radio como
en la televisión argentina, así como en las salas de concierto.
Gracias a los conciertos y recitales que, desde 1973 en adelante,
Yábor ofrece, acompañado por Rubén Rada, en La Trastienda, Jazz y
Pop, entre otras salas de concierto, el candombe rock comienza a ser
reconocido como un género. Cuando Yábor arriba a Buenos Aires en
1973, el candombe en Argentina era ya un género olvidado. Salvo su
supervivencia en el tango, el candombe no fue considerado por los
músicos argentinos de la década del 60 y el 70, como un ritmo apto
para fusionarlo con el rock o el pop.
Contrariamente a
lo que suele creerse, en Argentina, el elemento negro de la población
no desapareció, sigue existiendo, y hay, según testimonios bastante
recientes, una importante comunidad afro-porteña que continúa con
la tradición del candombe, pero practicado de manera reservada y
fuera de todo contacto con el «chongo» (blanco). Pero como
expresión popular, el ritmo afro-argentino del candombe solo fue
cultivado a comienzos del siglo XX durante el período formativo del
tango, el del «tango negro», cuyos mayores cultores y
representantes fueron los músicos afrodescendientes Gabino Ezeiza,
Higinio Cazón, Carlos Posadas, Casimiro Alcorta, el clarinetista
mulato Sinforoso, Sergio Pantaleón Montero. Según Néstor Ortiz
Oderigo, «la vivencia del candombe, como música, como danza y como
ceremonias folklóricas, se mantuvo hasta la caída de Rosas. Mermó
su intensidad al disminuir el elemento afro-argentino y cuando el
alud inmigratorio "blanqueó" la heterogénea textura
etnográfica de nuestro país. .... A fines del siglo pasado, sólo
afloraba durante las fiestas del carnaval… Podemos fijar el decenio
de 1870 como la época en que comienza su inevitable decadencia».
[ORTIZ ODERIGO, Néstor (1969): Calunga:
Croquis del Candombe,
p. 77].
Ortiz Oderigo
considera el candombe argentino como un género menor, como una
«degeneración del verdadero candombe nacional», el practicado por
las naciones africanas de la mitad del siglo XIX. Por otra parte, el
candombe uruguayo sí fue reconocido y rescatado como modelo de lo
que debía haber sido nuestro «verdadero» candombe. No obstante,
hay testimonios de afrodescendientes argentinos que afirman que el
candombe practicado en Buenos Aires es diferente del uruguayo, y
siguen rindiendo culto a San Baltazar. Un culto también vigente en
Uruguay, como atestigua Yábor en la letra de su «Candombe del 6 de
enero»: «Es por todos sabido que es el más negro/ el rey de los
santos candomberos/ – San Baltazar es un santo muy alegre –/ dice
la mama Inés y mueve los pies».
Ni el candombe ni
el negro «desaparecieron» de la sociedad argentina, siguen
existiendo, no obstante, en cierto modo, ambos se recluyen en una
esfera privada y se refugia, fusionándose con él, en el tango. Las
fuentes oficiales señalan a «El entrerriano» (1897), del
compositor y pianista afro-porteño Anselmo Rosendo, como el primer
tango formalmente creado que dio inicio del período conocido como
Guardia Vieja (1897-1920). Recién en la década de 1940, Sebastián
Piana desarrolló como género de fusión la «milonga-candombe».
Aunque es un tango, «Taquito militar» de Mariano Mores presenta un
aire de candombe, especialmente en el repiqueteo de su ritmo que
remeda un taconeo. Homero Manzi, reconocido poeta y letrista de
tango, también incursionó en el género de la milonga-candombe,
dejando obras notables como «Oro y Plata»; «Negra María» y el
poema «Juan Manuel». En 1999, el sello discográfico EMI-Odeón
lanzó el disco de Alberto «Candombes y Milongas» que presenta
veinte registros del género.
Por todo ello,
puede decirse que Yábor, además de ser el precursor del candombe
rock en la Argentina, es también un renovador que devolvió el ritmo
del candombe y la murga a Buenos Aires, géneros hasta esa época
casi desaparecidos, permitiendo una posterior floración de músicos
argentinos que, en la última década del siglo XX, desarrollaron
este género de fusión como las bandas Bersuit Vergaravat y Los
Piojos. Es en este sentido que considero a Yábor como el verdadero
precursor del candombe rock en las dos orillas. Desde la primera vez
que lo escuché, gracias a un disco que mi hermano Daniel trajo a mi
casa, me impresionó como un artista versátil y multifacético que,
además de reconocer y valorar el canto popular uruguayo como una
herramienta para expresar, transmitir y fortalecer la identidad
cultural, las tradiciones, los valores y las historias del folklore
afro-uruguayo, ha cultivado una gran variedad de géneros musicales
que vuelca en sus canciones a través de aires de milonga, milongón,
chamarrita, rasguido doble, música del litoral, la bossa nova, el
samba del Brasil, el aire árabe español, desembocando en el tango
canción, pero, sobre todo, el candombe, el género afro-uruguayo por
excelencia.
El candombe en la
región del Río de la Plata es una manifestación cultural
afrodescendiente que nos remite a la historia de la esclavitud y la
lucha por la identidad en la región. Es una expresión de
resistencia y supervivencia que ha perdurado a través de los siglos.
El candombe surgió en el Virreinato del Río de la Plata, en la
época colonial, como una forma de expresión cultural de los pueblos
africanos esclavizados. Emerge
como el principal medio de expresión de los africanos esclavizados
que eran traídos a los puertos de Montevideo y Buenos Aires, como
forma de comunicación, danza y religión. Es imposible imaginar
géneros de la música afroamericana como la salsa, la samba, el
candombe, sin el sabor sincopado de los tambores. Los esclavos
secuestrados desde África trajeron consigo instrumentos propios,
danzas autóctonas y ricas tradiciones musicales. Hoy en día, hay
una creciente presencia de grupos de candombe mixtos, tanto en Buenos
Aires como en Uruguay, donde participan personas de diferentes
orígenes étnicos, incluyendo blancos que son descendientes de
migrantes europeos llegados a fines del siglo XIX y comienzos del XX.
La palabra «lubolo» se refiere a los blancos que se pintan la cara
de negro para participar en las comparsas de candombe, una tradición
que data de la época de la esclavitud. Y es que el candombe, como
dice Yábor en «Candombe cosa de negros» (1982), es «cosa de
negros que con el tiempo blanqueó».
Mis saludos Yabor ..
Paso Carrasco, 24/11/25
Por Gral.Popy ..