La defensa de los imputados (no se si ya se los puede tratar de delincuentes en la medida que delinquieron), ha sido muy pobre en lo público, ha repasado todos los lugares comunes por donde pasa cualquier argumentación básica: culpabilizar a las víctimas, acusar al muerto, acusar a la espectacularidad de los medios de presionar a la justicia, matar al mensajero. Podemos pensar que ningún delincuente le paga a los abogados top de este bendito país cientos de miles de dólares (por mas que sean provenientes de los delitos que pretenden exculpar) para que repitan argumentos de boliche de copas. Y no es que sean malos abogados, al contrario, es que no tienen de donde agarrarse, es imposible defender lo indefendible y lo único que pueden hacer es enumerar algunos artículos del código penal con cara de erudición y repetir lugares comunes con grandilocuencia. Queda por saber dónde se juega el verdadero partido, porque para defender el debido proceso es suficiente con abogados de oficio.
En algún momento habría que tomar frase por frase, los argumentos públicos de la defensa tanto en lo concursal como en lo penal, pero en principio voy a hacer un análisis general. Primero quisieron culpabilizar a las víctimas, inclusive en un escrito lleno de inexactitudes se dijo que los intereses que cobraban eran de usura, eso dio algún resultado en la opinión pública, pero la verdad es que el argumento era muy pobre y éticamente reprobable. Podemos compararlo a aquel que esgrimían algunos vecinos en tiempos de dictadura, cuando los militares venían a llevarse a una persona y decían “algo habrán hecho” o peor aún, cuando una jovencita que andaba de minifalda era violada decían “ella se lo buscó”. Por suerte en el siglo XXI el argumento de culpabilizar a las víctimas ya no es válido ni en lo jurídico ni en lo ético.
Luego se intentó echarle todas las culpas al muerto y si me permiten parafrasear a Joaquín Sabina en un tema de fines de los años 80 del siglo pasado “a ti que te la montas de niña tonta en medio de una orgía”. La investigación tanto de la justicia como de la prensa y los propios damnificados va demostrando que los cuatro formaron de hecho una asociación para delinquir, que los cuatro conocían todos los movimientos de la empresa, que los cuatro sabían que la empresa en 2017 ya era deficitaria y sin embargo decidieron la captación de dinero a perdida generando de hecho y a conciencia un sistema ponzi. Finalmente, que los cuatro dispusieron del dinero de los inversores como si fuera propio y que todos más otros (la familia y muchos allegados y testaferros) lavaron mucho dinero de esas víctimas.
Otro intento es atribuirle al movimiento de las víctimas y a la información de los medios carácter de espectacularidad con intensión de presionar a los jueces y fiscales. Para nombrar una sola de las alusiones, dice en audiencia del 17 de julio el Dr. Donangello abogado de Daniela Cabral “una peligrosa confusión entre justicia y espectáculo”. El intento es bueno, pero con todo respeto por el Dr. Donangello le tengo que decir que lo espectacular no es lo que diga o descubra la prensa o lo que surja de la investigación o movilización de las víctimas. Lo espectacular es la maniobra que llevaron a cabo sus defendidos, maniobra que implicó la desaparición de 400 millones de dólares en un espectáculo que Houdini nunca hubiera imaginado, lo espectacular es que a manera de una nueva pandemia fueron afectados 4000 ahorristas, lo espectacular es el entramado de testaferros y maniobras para esconder esas cifras de dinero, lo espectacular es la comunicación que sostenía esta gente (unos más en los medios otras más en la operativa) para mantenerse desde 2017 tomando y desviando fondos. Lo espectacular son los cientos de miles de dólares que gastaron en viajes de placer y en pseudo negocios. Lo espectacular es donde está cumpliendo hoy por hoy su defendida la prisión domiciliaria.
Finalmente, y para no hacer esto tan largo tenemos el nuevo lugar común “matar al mensajero” ya en Antígona, Sófocles decía “Nadie ama al mensajero cuando trae malas noticias”, era habitual en la antigüedad matar al mensajero cuando traía noticias inconvenientes para el reino. La verdad que los mails que aparecieron, “la justicia, en otro juzgado competente dirimirá si esto constituye un delito” están echando mucha luz sobre “Conexión Ganadera” y eso debería ser buena noticia para todos. Asegurar el debido proceso de los delincuentes para nada se opone a conocer la verdad de los hechos y en este sentido la investigación de la prensa, de algunos abogados de las víctimas y de los propios perjudicados ha aportado mucha luz sobre los hechos y apoyado la investigación del Fiscal y del Síndico en materia penal y Concursal. Pensando quiero creer en la necesidad de que los perjudicados tengan el mejor resarcimiento posible y los victimarios una pena proporcional a los actos delictivos que cometieron y su colaboración a esclarecerlos.
Pero el caso “Conexión ganadera” aporta una novedad muy interesante en el ámbito de la investigación periodística del Uruguay. Es claro que, hasta el presente, la investigación periodística en este país ha sido muy pobre. Los medios no están para nada interesados en la investigación, por un lado: porque esta actividad no reporta grandes dividendos, mantener una investigación no es barato y no reporta grandes retornos porque el periodista está mucho tiempo investigando y no produce una cantidad de notas suficiente para pagar su coste; pero fundamentalmente porque en este país somos todos conocidos y “si la persona con la que te metes anuncia en el medio” ó “si la persona tiene poder y nos afecta de una u otra forma.
Sin embargo, el caso “Conexión Ganadera”, esta empezando a marcar un nuevo paradigma, donde se está investigando a las personas y a las instituciones vinculadas sin miedo a las represalias, sin miedo a quedarse sin anunciantes por los actos de poder que pueda ejercer el investigado en contra del medio, sin miedo al poder.
Claro que hay urgencias que a veces dejan de lado otras cosas que también son importantes. Para nombrar solo algunas hago un punteo rápido de los temas de los cuales se ha dejado de hablar, pero yo invito a periodistas y medios a poner foco:
Las implicancias de las familias y los testaferros en las diferentes maniobras de apropiación indebida, estafa y lavado de dinero.
La demora en la imputación de Daniela Cabral del delito de Lavado de Activos.
La no imputación a los cuatro socios de Asociación para delinquir.
La participación del Otegui en toda esta maniobra, donde tenía contrato de tomador de ganado con la empresa Conexión Ganadera.
La participación de la fundación Sophia y el cura colombiano en toda esta maniobra.
La Participación del Dr. Fernandez Reyes esposo de la vicepresidente saliente Beatriz Argimon, en la mediación y reformulación de contratos con el BCU.
La presunta participación de Bártol hermano del ex ministro y primero de las jerarquías de Conexión Ganadera detrás de las parejas de socios. La participación de Flores y de Quiroga, también gerentes de la empresa.
El camino recorrido en el intento de verticalización del negocio ganadero desde Caltes a Stradivarius pasando por Bamidal y Casablanca.
La participación de los organismos del estado: El BCU que en una investigación interna exprés se auto exculpo en resolución de directorio del 1º de octubre del 2025. El BROU permitiendo cualquier tipo de transacción sin pedir origen de los fondos. Del MINISTERIO DE GANADERIA permitiendo que las vacas aparezcan y desaparezcan sin ninguna intervención, de la DGI no controlando y después contradiciendo lo que dijo el BCU meses antes para presentarse a recaudar fondos en el concurso.
De los directivos actuales de la DGI diciendo que no quieren ir contra los inversores en una afirmación que no se sabe si es una tomada de pelo o un total desconocimiento de la situación concursal.
Del ministerio público que no aporta recursos a Fiscalía a una causa que realmente es muy grande.
De la influencia de la LUC que dejo pasar bajo el radar transacciones de hasta 100.000 dólares y coincidió con el aumento exponencial de la captación de dinero de “Conexión Ganadera” y “Estudio rural Basso”.
La investigación va a seguir: por parte de fiscalía; por parte de investigadores individuales; por parte de algunos abogados de las víctimas; por parte de los damnificados; por parte de la prensa, que empieza a perder el miedo y se permite investigar la mayor estafa del país y uno de los casos más apasionantes de la historia del Uruguay.
Sería bueno que la estrategia de las defensas deje de lado los lugares comunes y se enfoque en los hechos y el resarcimiento de las víctimas, sería bueno que las personas que encubren dejen de lado el “yo no tengo nada que ver” y empiecen a hablar. Las investigaciones, capaz que desordenadas, capaz que descoordinadas, pero van a seguir y en algunos lugares se van a detener y en algunos lugares las evidencias ya no van a dejar lugar al “yo no tengo nada que ver, yo no sé nada, el único que mandaba era Basso”, entonces otras personas serán procesadas.
No solo está la prisión en el medio, también el estigma público y social que sufrirán ellos sus hijos y sus nietos. El caso Madoff dejó muchas enseñanzas, enseño a delinquir, pero también enseñó que las consecuencias de este tipo de actos delictivos marca a las personas dentro y fuera del sistema judicial.